Valeria Cardoso

Psiquiatra de profesión, creció en internados religiosos en Guadalajara. Su falta de empatía y el impacto del suicidio de una de sus pacientes la llevan a cerrar su consultorio y especializarse en medicina legal. Durante dos años se siente a gusto destripando cadáveres en Servicio Médico Forense de Guadalajara y eventualmente haciendo dictámenes médico-psicológicos de salud mental en casos solicitados por el procurador.  Se integra al área de homicidios de la Policía Judicial y regresa a la capital para tratar de descubrir las razones por las que su madre decidió exiliarla desde los ocho años. Personaje andrógino, pelo corto casi rapado, aspecto nórdico (se pinta el pelo de negro para cubrir el rojo natural), alta, de silueta afilada y ojos azules. No usa maquillaje, se esmera en pasar desapercibida, usa un escudo asexuado para ocultar la fragilidad de su género, es inexpresiva, fría y calculadora, practica boxeo, disimula su feminidad con la indumentaria y actúa de manera masculina.  Se atrinchera en el anonimato de la existencia, rompe con cualquier prototipo de estética femenina en un país latinoamericano de los noventas, su aspecto y su manera de ser resultan intimidatorio y muy agresivos. Guarda un control absoluto de sus emociones y de sus movimientos, su secreto es no perder la concentración para someter al cuerpo y al espíritu. No tiene vida social, habla con las moscas y tiene una extraña afición por los malos olores. El secretario de la defensa nacional la define a como una “terminator” en femenino.