La casa de huéspedes

 

"Cuando Valeria atravesó el umbral del portón perdió la concentración y ni todos los años de condicionamiento férreo y obsesivo pudieron conservar la rigidez de sus piernas. Algo muy cercano al miedo se apoderó de su alma, disolviendo la consistencia de su masa corporal. Eso le pasaba siempre que regresaba a la casa de su madre. Nunca había considerado esa casa como suya porque sus recuerdos de infancia estaban alineados de manera precisa en visitas vacacionales.  A los ocho años, aunque suene a paradoja, se había vuelto una más de las “Hijas de María la Inmaculada”, el internado en Guadalajara donde terminó la educación básica. En la secundaria y la preparatoria se convirtió en una de las “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”.

 Gina justificó su exilio diciendo que su padrastro, Antoine Clouzot, siendo un diplomático francés, estaba obligado a viajar la mayor parte del año y ella como su esposa debía acompañarlo.  ¿Pero por qué mandarla hasta Guadalajara?   Podría haber elegido un colegio en el DF y dejarla internada sólo en el tiempo del viaje, o también podría haberse quedado con Flora, su nana, mientras ellos no estaban. Lo de los viajes era solo una excusa porque ni siquiera la muerte de Antoine, cuando ella tenía 16 años, le había dado un boleto de regreso, el nuevo argumento fue que para conservar la residencia de la Colonia Roma y poder pagar los estudios de Valeria, debía convertirla en casa de huéspedes. Pero el costo de la colegiatura era mucho más alto que lo que podía obtener por el alquiler de la habitación que podría ocupar su hija en la casa. Lo cierto es que la única razón era alejarla y aunque ella tuviera una réplica en la punta de la lengua, que podía rebatir los argumentos de su madre, se guardaba muy bien de expresar lo que pensaba para evitar la confrontación abierta con Gina".